Para qué sirve: para que puedas conocer información pública sin tener que pedirla tú.
¿No sabes si tu caso encaja? Mira estos ejemplos.
En algunos pueblos pequeños, pedir información al ayuntamiento puede resultar incómodo. La Red Ciudadana existe para que ese miedo no haga que renuncies a un derecho.
Sí. Y no es un truco ni un vacío legal.
La ley de transparencia dice que cualquier persona tiene derecho a pedir información pública. Cualquiera. No hace falta:
Alguien de Cádiz puede pedir las cuentas de un ayuntamiento de Soria, y el ayuntamiento tiene que contestarle igual que a un vecino de toda la vida.
Por eso, cuando otra persona pide la información que tú necesitas, no está haciendo nada raro: está usando su propio derecho. No te representa, no actúa en tu nombre, y no necesita ningún papel ni autorización tuya. Simplemente pide algo que ella también tiene derecho a pedir.
Y cuando el ayuntamiento responde, esa información es pública. Puede compartirla contigo.
A partir del primer contacto, LINTERNA desaparece: no hay chat, ni seguimiento, ni registro de lo que ocurra después.
Si la pides tú, tendrás que identificarte. Lo exige el procedimiento administrativo, no LINTERNA. La protección de la red consiste precisamente en que no seas tú quien la presente.
Cuida tus datos. Quien te ayuda no sabe quién eres, salvo que tú se lo digas o que lo que pidas permita deducirlo. Usa un alias inventado, un correo que no te identifique, y no le des datos personales a nadie: no hacen falta para que esto funcione.
Pedir mucho y muy seguido puede salir mal. La ley permite rechazar solicitudes repetitivas o que busquen colapsar a un ayuntamiento. Una petición concreta sobre un asunto concreto funciona mejor que veinte a la vez.
Cuidado con los datos personales de otros. Si la información recibida contiene datos de terceros, difundirla sin más puede tener consecuencias legales para quien lo haga.
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